Claro, me tomó de la cintura, sino
no sería un beso como tal. Sentía una desesperación impotente en mi cuerpo,
pero también temía que no fuera como quería. No sé, tal vez son las miradas,
aquellas con un destello de emoción, sea real o no; aunque creí que en ese
momento no había nada más cierto que eso. A la mierda el tanto pensar, el
mirar, el detallarse, aunque por un momento, cuando me cerró sus ojos, pensé que todo terminaría allí,
pero supe al instante siguiente que iba a ser algo que no reviviría, quizás con
él tampoco. La gente pasaba, alrededor,
quitaba la mirada de nosotros por vergüenza, envidia, otros miraban con
recuerdos quizás de dónde. Aún más cuando nuestros labios se tocaron. Un
momento antes, al sentir su respiración, sé que mi corazón se detuvo. Las
mariposas explotaron dentro de mi cuerpo y, las que quedaban, aleteaban con
fuerza para escapar y no me dejaban sentir aquella paz que no quería volver a
sentir nunca. Quería estar allí por siempre, lo juro. Nuestros labios se movían
pretendiendo que tocaban lo más delicado del mundo, o al menos para mí fue así.
Una sonrisa de aquí para allá junto a mis labios y los suyos, sus dientes, su
respiración agitada, esa lengua que intentaba participar, pero que yo no
permitía porque me sentía demasiado avergonzada; aún sus manos en mi cintura,
luego, una subiendo hasta mi cuello, apegándome a su cuerpo. Sentí el deseo que
se formaba. Ojala no existiera nadie más allí, ojala pudiera sentir todo por
siempre; o, tal vez, así perdería la gracia. La imaginación se fue sobrepasada.
El olor, el aliento, el tacto participando con el movimiento de los labios y
unos dedos tocando lugares tan visibles y sensibles, aunque no tenía ni idea
sobre ello. Ni los sueños equivalían. No se medía, solo se sentía. Tal vez, los
presentes lo percibían, tal vez, él también lo hacía, aunque no estoy segura.
Ese brillo se reflejaba en mi o, tal vez, él lo reflejaba. De eso no me aseguro
todavía, aunque no tengo cómo hacerlo. Entendí por qué, entonces, había sido
solo un momento.
"Que llama la atención por su extraña apariencia o extravagante forma de pensar y actuar".
No. No lo soy. Solo me gustaría serlo.
martes, 21 de junio de 2016
Las desventajas de no poder sacar voz.
No, no estoy para ello.
No para ser lo que quiero que miren, ni regocijarme en lo que puedo hacer estupendamente.
Ser para mí, dicen. Una mierda. Yo digo serlo y punto, lo que salga y ya está.
Desde ahí las desventajas de no tener una lengua que se mueva a tu voluntad; que diga lo que diga, todo sale como las CALLAMPAS.
Siento que los defectos los llamamos como tal por no ser capaz de compensarlos y, justificarnos con ello, de paso.
Aquí la peor justificación.
Es un defecto, se dice. Para mí, una virtud muchas veces.
No sé hablar. Ni en español, ni en inglés, ni en japonés, etc.
Aunque si se escribir.
Parece curioso que uno no dependa del otro.
Las palabras no es algo que salga maravillosamente de momento -aunque hay veces que si, no lo dudo-, pero King no escribe sus libros de corrido, eso seguro.
No compararé eso conmigo, pero es un ejemplo.
No se me da el hablar, nunca. Mis amigos se burlan de mi constantemente por ello.
Me cuesta expresarme como tal, decir lo que pienso, una crítica o una simple conversación para comprar algo. Y no, no es que sea extranjera dónde vivo. El problema no es el idioma, no.
Siempre me ha costado expresarme desde allí, con la lengua. Prefiero hacerlo con los dedos, por ellos me pregunto por qué no nací muda. Mi voz le serviría a alguien más, mucho. La ocupo para pura mierda.
La mudez involuntaria de cosas coherentes de mi hacia lo que me rodea me tiene los testiculos grandes hace tiempo ya.
Me duelen las burlas, punto. Es lo que me lleva a escribir: la rabia que siento.
Necesito expresar que parte de mí no necesita, realmente, probarle nada a nadie, por eso nadie conoce este blog. Es para mí.
Me duele que una persona se sienta superior a mí porque se maneja mejor con las palabras que yo, punto.
Otro más, por cierto.
Ni de mierda hablo como escribo, eso es seguro. Ni tampoco es que escriba excelente, porque eso menos y ya me ha quedado claro en mis clases.
Tener sueños opacados por una falta clara de fluidéz mental hace que todo se frustre cada vez que decido publicar algo.
Las personas me son algo incomprensible porque jamás entenderé por qué nos alimentamos del ego de los demás para aumentar el propio. Somos para los demás, pero no por ellos.
Ellos siguen estando más abajo, que no se olvide.
Hasta ahí mi estomago se retuerce, se tumba para todos lados. No quiero que mi lengua salga, pero debe hacerlo a diaro y es cuando se separa de mi cabeza.
La mayoría de lo que hablo está mal expresado y es algo con lo que convivo, junto con quedar como una idiota frente a los demas.
La impotencia me crea un stress diario.
Esa que siento por cada persona que confunde el amor propio con un ego opacante para/hacia los demás.
Me rodeo de gente así.
Nunca he encontrado alguien con tanta basura como yo en esto.
Y no, no soy única, claro está, pero todos tenemos complicaciones en la cabeza.
¿Me duele esto?
Pues... no del todo.
Me hace feliz que, al menos, podré expresarme bien en una hoja, tanto electrónica como de papel.
La escritura es lo único en la vida que me hace realmente feliz.
Eso no me lo arruina ni una burla ni una crítica sin fundamento más que "si a mi no me gusta, es porque debe ser malo".
Quiero ser, y ya.
Es extraño, pero tampoco lo pido. Lo impongo.
Jamás podré cambiarlo y me justifico en ello, como mi propia debilidad ante los demás.
Para mí, no lo es para nada.
Con la lengua las palabras simples sirven mucho más, según yo.
Las ideas equivocadas se forman a la hora de tratar de parecer más arriba que tú.
Si, mi entorno, de vez en cuando, me parece una mierda, pero ¿cómo escapar cuando tú eres el problema?
Apropiarte, no queda de otra. Hacerte cargo del poco control de tus debilidades.
Así solo te dolerán los insultos.
Lo demás queda asumido y amado.
Quiero quererme, aunque tampoco entiendo el objetivo de eso.
No para ser lo que quiero que miren, ni regocijarme en lo que puedo hacer estupendamente.
Ser para mí, dicen. Una mierda. Yo digo serlo y punto, lo que salga y ya está.
Desde ahí las desventajas de no tener una lengua que se mueva a tu voluntad; que diga lo que diga, todo sale como las CALLAMPAS.
Siento que los defectos los llamamos como tal por no ser capaz de compensarlos y, justificarnos con ello, de paso.
Aquí la peor justificación.
Es un defecto, se dice. Para mí, una virtud muchas veces.
No sé hablar. Ni en español, ni en inglés, ni en japonés, etc.
Aunque si se escribir.
Parece curioso que uno no dependa del otro.
Las palabras no es algo que salga maravillosamente de momento -aunque hay veces que si, no lo dudo-, pero King no escribe sus libros de corrido, eso seguro.
No compararé eso conmigo, pero es un ejemplo.
No se me da el hablar, nunca. Mis amigos se burlan de mi constantemente por ello.
Me cuesta expresarme como tal, decir lo que pienso, una crítica o una simple conversación para comprar algo. Y no, no es que sea extranjera dónde vivo. El problema no es el idioma, no.
Siempre me ha costado expresarme desde allí, con la lengua. Prefiero hacerlo con los dedos, por ellos me pregunto por qué no nací muda. Mi voz le serviría a alguien más, mucho. La ocupo para pura mierda.
La mudez involuntaria de cosas coherentes de mi hacia lo que me rodea me tiene los testiculos grandes hace tiempo ya.
Me duelen las burlas, punto. Es lo que me lleva a escribir: la rabia que siento.
Necesito expresar que parte de mí no necesita, realmente, probarle nada a nadie, por eso nadie conoce este blog. Es para mí.
Me duele que una persona se sienta superior a mí porque se maneja mejor con las palabras que yo, punto.
Otro más, por cierto.
Ni de mierda hablo como escribo, eso es seguro. Ni tampoco es que escriba excelente, porque eso menos y ya me ha quedado claro en mis clases.
Tener sueños opacados por una falta clara de fluidéz mental hace que todo se frustre cada vez que decido publicar algo.
Las personas me son algo incomprensible porque jamás entenderé por qué nos alimentamos del ego de los demás para aumentar el propio. Somos para los demás, pero no por ellos.
Ellos siguen estando más abajo, que no se olvide.
Hasta ahí mi estomago se retuerce, se tumba para todos lados. No quiero que mi lengua salga, pero debe hacerlo a diaro y es cuando se separa de mi cabeza.
La mayoría de lo que hablo está mal expresado y es algo con lo que convivo, junto con quedar como una idiota frente a los demas.
La impotencia me crea un stress diario.
Esa que siento por cada persona que confunde el amor propio con un ego opacante para/hacia los demás.
Me rodeo de gente así.
Nunca he encontrado alguien con tanta basura como yo en esto.
Y no, no soy única, claro está, pero todos tenemos complicaciones en la cabeza.
¿Me duele esto?
Pues... no del todo.
Me hace feliz que, al menos, podré expresarme bien en una hoja, tanto electrónica como de papel.
La escritura es lo único en la vida que me hace realmente feliz.
Eso no me lo arruina ni una burla ni una crítica sin fundamento más que "si a mi no me gusta, es porque debe ser malo".
Quiero ser, y ya.
Es extraño, pero tampoco lo pido. Lo impongo.
Jamás podré cambiarlo y me justifico en ello, como mi propia debilidad ante los demás.
Para mí, no lo es para nada.
Con la lengua las palabras simples sirven mucho más, según yo.
Las ideas equivocadas se forman a la hora de tratar de parecer más arriba que tú.
Si, mi entorno, de vez en cuando, me parece una mierda, pero ¿cómo escapar cuando tú eres el problema?
Apropiarte, no queda de otra. Hacerte cargo del poco control de tus debilidades.
Así solo te dolerán los insultos.
Lo demás queda asumido y amado.
Quiero quererme, aunque tampoco entiendo el objetivo de eso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)