No, no estoy para ello.
No para ser lo que quiero que miren, ni regocijarme en lo que puedo hacer estupendamente.
Ser para mí, dicen. Una mierda. Yo digo serlo y punto, lo que salga y ya está.
Desde ahí las desventajas de no tener una lengua que se mueva a tu voluntad; que diga lo que diga, todo sale como las CALLAMPAS.
Siento que los defectos los llamamos como tal por no ser capaz de compensarlos y, justificarnos con ello, de paso.
Aquí la peor justificación.
Es un defecto, se dice. Para mí, una virtud muchas veces.
No sé hablar. Ni en español, ni en inglés, ni en japonés, etc.
Aunque si se escribir.
Parece curioso que uno no dependa del otro.
Las palabras no es algo que salga maravillosamente de momento -aunque hay veces que si, no lo dudo-, pero King no escribe sus libros de corrido, eso seguro.
No compararé eso conmigo, pero es un ejemplo.
No se me da el hablar, nunca. Mis amigos se burlan de mi constantemente por ello.
Me cuesta expresarme como tal, decir lo que pienso, una crítica o una simple conversación para comprar algo. Y no, no es que sea extranjera dónde vivo. El problema no es el idioma, no.
Siempre me ha costado expresarme desde allí, con la lengua. Prefiero hacerlo con los dedos, por ellos me pregunto por qué no nací muda. Mi voz le serviría a alguien más, mucho. La ocupo para pura mierda.
La mudez involuntaria de cosas coherentes de mi hacia lo que me rodea me tiene los testiculos grandes hace tiempo ya.
Me duelen las burlas, punto. Es lo que me lleva a escribir: la rabia que siento.
Necesito expresar que parte de mí no necesita, realmente, probarle nada a nadie, por eso nadie conoce este blog. Es para mí.
Me duele que una persona se sienta superior a mí porque se maneja mejor con las palabras que yo, punto.
Otro más, por cierto.
Ni de mierda hablo como escribo, eso es seguro. Ni tampoco es que escriba excelente, porque eso menos y ya me ha quedado claro en mis clases.
Tener sueños opacados por una falta clara de fluidéz mental hace que todo se frustre cada vez que decido publicar algo.
Las personas me son algo incomprensible porque jamás entenderé por qué nos alimentamos del ego de los demás para aumentar el propio. Somos para los demás, pero no por ellos.
Ellos siguen estando más abajo, que no se olvide.
Hasta ahí mi estomago se retuerce, se tumba para todos lados. No quiero que mi lengua salga, pero debe hacerlo a diaro y es cuando se separa de mi cabeza.
La mayoría de lo que hablo está mal expresado y es algo con lo que convivo, junto con quedar como una idiota frente a los demas.
La impotencia me crea un stress diario.
Esa que siento por cada persona que confunde el amor propio con un ego opacante para/hacia los demás.
Me rodeo de gente así.
Nunca he encontrado alguien con tanta basura como yo en esto.
Y no, no soy única, claro está, pero todos tenemos complicaciones en la cabeza.
¿Me duele esto?
Pues... no del todo.
Me hace feliz que, al menos, podré expresarme bien en una hoja, tanto electrónica como de papel.
La escritura es lo único en la vida que me hace realmente feliz.
Eso no me lo arruina ni una burla ni una crítica sin fundamento más que "si a mi no me gusta, es porque debe ser malo".
Quiero ser, y ya.
Es extraño, pero tampoco lo pido. Lo impongo.
Jamás podré cambiarlo y me justifico en ello, como mi propia debilidad ante los demás.
Para mí, no lo es para nada.
Con la lengua las palabras simples sirven mucho más, según yo.
Las ideas equivocadas se forman a la hora de tratar de parecer más arriba que tú.
Si, mi entorno, de vez en cuando, me parece una mierda, pero ¿cómo escapar cuando tú eres el problema?
Apropiarte, no queda de otra. Hacerte cargo del poco control de tus debilidades.
Así solo te dolerán los insultos.
Lo demás queda asumido y amado.
Quiero quererme, aunque tampoco entiendo el objetivo de eso.
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