No. No lo soy. Solo me gustaría serlo.

lunes, 20 de marzo de 2017

Andres Bello con Nueva Tobalaba.

Tenía la cabeza mojada sobre el pasto, aunque aún estábamos en pleno verano.
Desde ese faro, modelo tradicional (más internacional, diría yo), se veía una tela de araña a contra luz.
Pensé que nos caería uno de esos bichos en la cara.
Nos alejamos un poco, pero no lo suficiente como para dejarla de ver.
Brillaba, al menos a esa hora de la noche.
Es obvio que también se veía el humo del cigarro suelto que compartíamos.
Quise mucha cosas, pero no me moví.
Leías Anacondas en el Parque en voz alta, sorprendiéndome con la muerte de la mano escritora.
Uno menos.
Tenía ganas de llegar como él lo hace, pero parece imposible siendo tan como tantos, como todos.
Me perdía en alcanzar un objetivo que me inventaba como creíble.
Y también en el río. Ese que de día no se escuchaba tan poético, tratando de olvidar toda la mierda que trae.
Nadie se preocupa de él, ni él de mi.
Tampoco supe si te gustaba o no, pero te levantaste hacia él, sobre su barandal, con el viento helado y aún con el cigarro a medias.
Tu espalda se veía más grande desde allí, con el libro en mi mano y tú recitando pasajes de una obra que ya te había oído.
Me gustaba, pero porque ahora no había más público.
Siempre te quedaba solo yo. Parecía costumbre.
Me mirabas como nunca o tan común como siempre, diciéndome más sobre Lemebel.
Lo pienso ahora y las coincidencias de su crónica eran muy obvias. En una de esas por eso lo elegiste.
Abrí la lata de cerveza que comenzamos a compartir sobre el barandal. Ese que nos daba la ilusión patética de Santiaguinos a la orilla de un río, en vez de estar a varios metros sobre él para no oler su basura.
Yo lo hacía; lo hago.
Y lo sé porque recuerdo esto y es patético.
Típico de lo común, también.
Eras lo único lejos de ser común en mi vida.
O eres. Ni siquiera lo sé.
Al beber la lata mientras sentía que quería compartir mil cosas más, me cagaba de miedo.
Y, en frente, el río quedaba opacado por el Costanera.
Tal vez porque era extraño que a los pies de un mall tan cuico hubiera un río lleno de caca.
También era irregular estar sin nadie, contigo. Aguantando abrazos amistosos llenos de buenas intenciones.
Las sentía como buenas intenciones.
Aún así, no quería detenerme.
Quería seguir leyendo en voz alta La esquina es mi corazón en cada lugar de cada cuento, con tu voz.
Pedía, a gritos.
Por el frío, tal vez, en Marzo, tan irregular, todo iba a salirme mal, como a todos con este cambio climático que nos dejó solo con dos estaciones al año.
Ese frío que provocaba el pasto mojado a esa hora de nuevo, al lanzarnos en él.
Aún le quedaba la última al cigarro.
Preguntaste si sería divertido caminar por afuera del Costanera, hacia arriba.
Hasta de cabeza.
Lo pensé o creo que lo hice.
O, tal vez, se me ocurrió ahora. Podría ser todo un invento mío; incluso lo de la araña por sobre nuestras cabezas.
Presiento que me até de pies y manos, esperando mientras se me viene el cielo que vimos esa noche, encima.
Daba esa sensación.
Mientras intenté decidirme si tomaba tu mano o no, se me apretaban los nudos y mi estómago, hasta que comenzó a doler.
Me dolió en metros y metros de un parque "verde que te quiero" en orden, que simulaba un Versalles criollo como escenografía para el ocio democrático; de nosotros. De lo que no nos podemos apropiar.
Pero por tu culpa. O por la mía.
Si yo me até es más una que la otra, supongo.

O también podría ser una invención mía.
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Necesitaba poner un lugar exacto para esto. La verosimilitud es primordial aquí.
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Ahora que lo pienso, estaba tan atada que todo lo que salía de mí era-
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A petición. Y también porque el desligarme es lo mejor que me ha pasado en años.

Falsa alarma. 10-4.

Ya me siento mejor, debo decir.
Aún así, siempre es dificil confesar una mentira que dijiste por capricho y/u orgullo.

Espero tener la fuerza para hacerlo pronto. Tal vez en unas horas.
Es probable que me abandonen en un parque, con flores en mano y todo eso (dramáticamente), pero me lo merecería.

Me merezco muchas cosas malas, ahora que lo pienso.

Me voy a volver demente si sigo así. Esa demencia que te hace poner los ojos blancos y creer que vives en Júpiter.

Me preocupan un par de cosas.

Una de ellas es que mañana se cumple un mes.

Otra es que estoy demasiado tensa por este tipo de cosas.

Una más es que ando paranóica porque lancé una mentira que no sé resolver ahora.


Digamos que la Otra es por causa de la Una y la Una más, como es obvio.


Me duele mucho el estómago por todo esto.
Y la cabeza.