Vuestro señor, el creador, el
escritor, el artista. Primero os debo dar muchísimas gracias. Me creasteis. Me
mostraste, del poder ser, la fermosura. Me disteis la vida cómo alguien
adánico, por allí, en el futuro. No estoy muy seguro aún si es que puedo felicitarlo
completamente, pero de que si os guardo un poco de rencor, téngalo por seguro.
¡Dejarme a mí como un loco! por el mismo Dios, ¡soy un respetado Caballero
Andante y ni la muerte ha podido quitármelo! tú quisisteis engañar a las
futuras generaciones diciéndoles que se me había secado el cerebro.
A ti se te ha secado el celebro.
Mírame, he aquí, vivo. Lo hago como
nunca.