No. No lo soy. Solo me gustaría serlo.

viernes, 24 de marzo de 2017

Tom.

Tengo un cuaderno.
Se llama Tom.
Le puse así porque es un nombre que se repite mucho entre mis amores platónicos.
Él me lee escribir, casi, mensualmente.
No lo molesto tanto para que no se aburra de mis inseguridades.
Le cuento la felicidad, el enojo. La tristeza.

Me pregunto si me querra tanto como yo lo quiero.
Me pregunto si se aburrirá de mí, con el tiempo.
Me pregunto por qué no puedo ser feliz, tranquila, sin tantas tonteras revoloteando mi cerebro.

Sentirse intranquilo con lo que uno entrega parace ser normal.
No debería serlo.