No, no lo son.
Somos 20.
Somos los anteriores.
Nos hemos creado en ellos, como nunca más.
Sobresalimos ante las miradas, los dolores.
Rompemos esquemas, tradiciones.
Comenzamos a disfrutar (?)
¿Qué dirían los 20 de hace 40?
"Ya hay que parar de disfrutar".
¿Acaso se detiene?
Sentimos y no nos detenemos ante los impulsos, las consecuencias. No hay amor como el nuestro; el intenso, el incorregible, el cegador.
Ese amor dudoso, pero en el que jamás paramos de sufrir, de sentir.
Queremos ser tanto.
Soñamos, aún.
No nos detendremos.
Fueron ellos, somos hoy.
Nos engañamos, pero seguimos.
Luchamos por cumplir, pero al mismo tiempo nos perdemos en el ocio.
Disfrutamos de los múltiples orgasmos de la vida.
Los de la felicidad.
Los del sexo.
Los de la obscenidad que reflejamos en nuestras acciones apresuradas.
- Es exquisito.
- ¿Qué?
- Los 20.
- La vida, ¿no?
- El alcance de una etapa, el final de otra.
No es una "etapa" -termino conformista, de mierda-.
Es lo que permanece en ese año, lo que permaneció desde los demás, cada uno igual de importante que el otro.
El éxtasis nos consume, nos acondiciona.
Ese acondicionamiento que termina por devorarnos sin alcanzar mierdas de expectativas que no tenemos por qué cumplir.
- ¿Viajar?
- No.
- ¿Casarnos?
- Chúpalo.
- ¿Vivir?
- Lo he hecho por 20.
- ¿Entonces?
- ¿Realmente importa?
Una mierda.
Si importara, todos los 20 serían iguales, pero hay uno.
Y las cagamos. Eso seguro.