He perdido bastantes guerras contra mí misma en los pocos años que sigo viva,
poco a poco me siento masoquista dentro de mis desvaríos,
no querer aceptar el enamoramiento es, indudablemente, la perdición de unos
y la alegría para los fuertes,
porque ese amor deja vestigios.
Una melodía, un libreto de alguna obra que leímos juntos,
un discurso filosófico en medio de un parque en una noche de verano,
ideas del amor joven y el maduro que tanto me revolvían la cabeza,
ojalá supieras que ya los miro desde fuera.
Porque enamorarse es poco, es insuficiente;
el describir una conexión como yo la sentí me es imposible.
Quise tanto, tanto, tanto. Quise tanto, tanto, tanto, tanto.
De a poco ese deseo deja la frustración atrás y se vuelve un lindo recuerdo de un sentimiento profundo.
Me olvido de tí y tú de mí.
No nos existimos para el otro.
Mi amor, te dije. Dijiste te amo, me hablaste.
Y ahora miro desde lejos tanto cariño caerse al vacío, a la basura.
Nos perdimos del uno y del otro.
Y no puedo estar más feliz por ello.
Aunque escribo esto con lágrimas lloronas de espantar y desmoronar lo que he logrado.
¿Gané o perdí?
Más bien
ganaste tú.
El amor hace pasar el tiempo.
ResponderEliminarY el tiempo hace pasar el amor.
Somos jóvenes, hay que llorar, hay que apasionarse. Tenemos que disfrutar y sufrir, en justas medidas.
Todos sufrimos por amor. Todos recordamos con amargura las palabras llenas de ilusión que ahora están secas y vacías, pero no olvidadas, que nos dedicamos, o que dedicamos.
Recuerdo mi primer amor. Lleno de planes a futuro, algo casi infantil. Ahora que estamos grandes (y creciendo, madurando), sabemos que no existe el peso de uno en el otro. Pero el recuerdo y la experiencia esta, y se disfruta o se llora. Pero esta, y hay que atesorarlo.
Cuando dices primer amor me duele el estómago porque todo el tiempo en que me volvía loca por él (porque fue un chico esa vez) nunca quise aceptar que lo amaba.
EliminarHoy le diría frente a frente que fue de quién, por primera vez, me enamoré.
Eso si, te digo, como anécdota: jamás estuvimos juntos.
Él me dijo que algo sentía, pero fue tan mentira o tan pequeño que nunca me dió la oportunidad.
Muchos años de mi vida, regalándosela.
Algo que jamás aceptó.
Y jamás fue capaz de decirmelo.
Al menos hoy soy feliz, algo que nunca me pudo dar.
Aunque con tan solo verlo me provocaba algo que no sé si volveré a sentir.
Ojalá si.
Y tienes razón, somos jóvenes, pero estoy tan acostumbrada a sentir todo tan profundamente que me siento de 20 años más todos los días.
PD: ¿algún consejo para dejar atrás la nostalgia?
No creo que se pueda dejar atrás la verdad.
ResponderEliminarSolo hay que tratar de no condicionarse mucho a partir del pasado. Hemos madurado, y así mismo debería madurar nuestro concepto de amor.
Si quieres volver a sentir algo igual, o mas intenso, solo tienes que estar dispuesta.
PD 1: Me confundí. ¿Antes fue un chico? ¿Ahora es una chica?
PD 2: No se si sea demasiado pronto, o impertinente preguntarte por tu sexualidad. Aunque me hago una vaga idea.
Digamos que si tuviera que etiquetar mi sexualidad sería bisexual.
EliminarClaro que ahí entra el hecho de tener unos padres cristianos.
Estoy super dispuesta y estoy en eso. No buscando sino, literal, en eso.
Ni idea cómo terminan las cosas.
Pd: ni idea eso de madurar el concepto, es complicado. Sale como sale, creo. Me cuesta entenderlo. Mucho.
Podría decir que pulirlo, o simplemente aprender del error, aprender en la marcha.
ResponderEliminarEs complicado eso de tener padres tan... ortodoxos, si una persona no cumple con sus parámetros aceptables puede ser incomodo, y mas con una hija. No quiero meterme mucho preguntando si saben de tu orientación o no, pero espero que no hayan muchos momentos incómodos en tu vida diaria.
Tranquilo. No es un tema tabú para nada en mí.
EliminarEllos no lo saben, claro está.
No se los diré, ni loca.
Tendría que enamorarme de una chica para hacerlo.
Aprender en la marcha es lo que nos queda.